lunes, 26 de octubre de 2009

La Disgrafía

Uno de los trastornos de la organización y del desarrollo de la escritura es la Disgrafía. Bajo este concepto se recogen una serie de trastornos que se caracterizan por el hecho de que la persona "escribe mal", sin que aparentemente exista una razón neurológica, intelectual o afectiva que lo justifique. La disgrafía únicamente se puede detectar a partir de los 7 u 8 años.
Si aplicáramos la escala de Ajuriaguerra a un niño disgráfico, veríamos que los componentes M, es decir los relacionados con las malformaciones motrices están sobreelevados, mientras que los componentes F, relacionados con la forma, reflejan fundamentalmente la torpeza de coordinación, como pueden ser la aparición de collages y reenganches en la escritura.
Al analizar la escritura de una persona que presenta dificultades gráficas no nos debemos fijar únicamente en la estructura del trastorno en el momento presente, sino que será necesario observar de qué manera ha podido evolucionar desde el comienzo. Es decir, veremos escrituras de diferentes momentos del desarrollo de la persona, los métodos que se empleaban en la escuela donde la persona, en edad caligráfica, aprendió la técnica escritural y sus exigencias.
También es importante conocer las reacciones de la familia ante las dificultades que mostrábamos siendo niños, así como la manera general en que vivíamos nosotros este hecho.
Como ocurre en todo proceso de reeducación gráfica, es necesario corregir la postura corporal que adoptamos para escribir y la forma de coger el útil de escritura.
Además de estos componentes escriturales, es conveniente conocer otros aspectos, como pueden ser:
- Cómo es el grado de evolución del lenguaje, la lectura y la ortografía.
- El grado de motricidad y la lateralidad (si es diestro o zurdo).
- Cómo es la comprensión de las relaciones espaciales y temporales.
- Cómo es la estructura general de su personalidad y cómo se relaciona con el entorno.
Según Juan de Ajuriaguerra, tres son los componentes de la escritura con Disgrafía:
1. El orden en la página: la impresión de conjunto es sucio, con líneas rotas y descendentes. Las palabras aparecen como amontonadas, con una irregular separación entre las letras-palabras-líneas y márgenes insuficientes.
2. La calidad del trazado: El trazo es de mala calidad, con letras retocadas. Aparecen dificultades en la cohesión, con collages, reenganches, yuxtaposiciones y sacudidas a lo largo del escrito. La dimensión de las palabras es irregular y las letras están como mal terminadas. Se observan asimismo la "m", "n", "u" e "i" arqueadas.
3. La Forma y la Proporción: La escritura suele ser o muy grande o muy pequeña y no se diferencia con claridad las tres zonas (superior, media e inferior), observándose desproporciones entre ellas. En general se dan malas formas, con una escritura o demasiado extendida o demasiado estrecha entre letras.
Como en todo análisis, y vuelvo a insistir en ello, hay que tomar los resultados con precaución. Por ejemplo, si encontramos retoques en una escritura no significa que estemos ante una disgrafía, sino que puede deberse sencillamente a ideas obsesivas.
Generalmente no existe una causa única en los trastornos de la escritura. En cada caso concreto podemos encontrar en mayor o menor grado, la presencia de alguno de estos factores: la emotividad, la lateralidad, el lenguaje o la organización somato-espacial.
La Disgrafía es una anomalía del movimiento cursivo, de la conducción del trazo, que en la persona disgráfica le causa dificultades para formar las letras y le impide el predominio de la forma.
En resumen, entre las causas que parecen predisponer a la disgrafía podemos citar las siguientes:
- En primer lugar el sexo: se han encontrado más disgrafías en chicos que en chicas.
- Las dificultades psicomotoras generales: de los estudios realizados se deduce que hay un 50% de disgráficos que reservan su torpeza para la escritura, mostrándose muy diestros para otras cosas.
- Las perturbaciones en la representación espacial
- Las perturbaciones del propio esquema corporal: para poder tener una adecuada organización del espacio, la persona debe apoyarse en un conocimiento de su propia imagen corporal. Esta consciencia de su propio cuerpo y de sus posibilidades motrices es lo que se conoce como esquema corporal. El ser humano se orienta de acuerdo a unas señales exteriores organizadas según el modelo de su propio esquema corporal; delante/detrás, izquierda/derecha, arriba/abajo, etc. El tener un esquema corporal bien internalizado nos hace tener una percepción ajustada de las diferentes partes de nuestro cuerpo en su relación interna y en relación con las señales del mundo exterior.
- Por último y derivado del punto anterior, hablaríamos de las disgrafías denominadas psicógenas, puesto que el elemento psicológico se nos antoja como el más importante sino el único muchas veces. Es frecuente encontrar en las personas disgráficas algunos hábitos infantiles, dificultades para coger el sueño, cansancio debido a la exagerada tensión interior, ansiedad y falta de autoestima. La ausencia de seguridad interior les impide tener intercambios auténticos con el mundo exterior.

jueves, 15 de octubre de 2009

Modos de acentuar y su significado

No me voy a referir en este caso al modo de colocar el acento, el punto, la tilde o la barra de la "t" según su altura, presión, dirección, etc., sino al momento que escogemos para realizar este gesto.
Se trata de un gesto automático, que pasa desapercibido y cuyas reglas algunos ignoran y rehúsan aplicar, mientras que otros las observan con cierto rigor.
En primer lugar tendríamos la denominada acentuación literal: Se trata de la que se realiza letra por letra. Es decir, comenzamos a escribir y en el momento en el que encontramos una letra que lleva implícita la obligación de acentuar (puede ser un punto, un acento, una barra de "t"), nos detenemos y realizamos el gesto. Este tipo de acentuación es muy normal cuando un niño comienza a escribir y esta manera de comportarse se produce debido a que la escritura del niño no es lógica, puesto que no tiene una noción total de la palabra que escribe.
La acentuación literal es propia de espíritus inquietos, dados a tomar precauciones rápidamente y que interrumpen sus acciones para ocuparse de los detalles.
En segundo lugar tenemos la acentuación verbal, también denominada en bloque, donde el escritor escribe totalmente la palabra y, una vez hecho esto, y de un solo gesto, ejecuta toda la acentuación que lleva la palabra. Este tipo de acentuación se puede realizar por palabras o por grupos de palabras, y suele corresponder a escrituras de trazado rápido. Es propio de espíritus deductivos puros, que reafirman su acción y confirman su responsabilidad, al tiempo que se hacen cargo de la paternidad de sus acciones. Una vez más, tenemos que incidir en el aspecto interpretativo-relativo, puesto que si este tipo de acentuación la encontráramos en una escritura inferior, nos hablaría precisamente de lo contrario; es decir, una necesidad de intentar evadir responsabilidades, tratando de desembarazarnos de ellas en cuanto se pueda y de una vez para siempre.
Por último, tenemos la acentuación silábica: es decir, aquella que se realiza por sílabas separadas. Es claramente un signo de evolución del pensamiento y aparece en escrituras que, normalmente, han alcanzado un nivel elevado. Se suele encontrar mucho en artistas músicos o en personas intuitivas. Consiste en acentuar las palabras en alguna de sus sílabas integradas por cualquiera de las vocales "i", "e", "a", etc, en colocar los puntos en las "ies" o las "jotas", la tilde en la "t" o la "ñ", después de cada sílaba y únicamente al final de la misma.
Ahora bien, ¿cómo podemos saber qué tipo de acentuación se ha utilizado?. Obviamente, si estamos presentes no hay problema. Pero si nos entregan una muestra de escritura para que la analicemos nos fijaremos en dos aspectos:
- Por un lado la dirección de los finales individuales de las letras.
- Por otro lado, nos fijaremos en el emplazamiento del acento.
Miraremos cuidadosamente el texto con una lupa y trataremos de ver en qué momento el escritor detiene el dibujo de la letra para ocuparse de su acentuación, tratando de no confundir las paradas propias de la acentuación con otro tipo de interrupciones del grafismo que nos podamos encontrar. Si se trata de una parada realizada para puntuar la letra, nos fijaremos que el final de la letra que debe ser puntuada va en la dirección del emplazamiento del signo de acentuación.
¿Amigo lector, te has fijado alguna vez en el modo en que acentúas?