lunes, 15 de diciembre de 2008

La evolución de la firma

Al igual que lo hacemos nosotros, nuestra firma también evoluciona. No es lo mismo la firma que teníamos hace, por ejemplo, 20 años, que la que tenemos en el momento actual, de la misma manera que nosotros tampoco somos los mismos. La firma de cada uno de nosotros nos acompaña, se pega a nosotros como una "lapa", y va cambiando y modificándose a lo largo de nuestra existencia, si bien hay un momento en el que "madura". Es decir, hay un momento en el que adquirimos nuestra propia firma, lo mismo que adquirimos nuestra propia personalidad.
A partir de ahí, claro que pueden existir modificaciones; por causas profesionales, por motivos externos a nosotros (como puede ser un problema de salud, por ejemplo), etc. Unas veces, prescindiremos de algún apellido, otras simplificaremos la rúbrica, etc.
Hace unos días, a un chico adolescente que viene a sesiones de grafoterapia, le pedí que escribiera un pequeño texto, dictado, que me sirviera para ir comprobando la evolución de su escritura y ver los trazos que había que seguir trabajando. Al llegar al final del texto le comenté:
- Bueno, ahora que has terminado, firmalo.
Ante esto se quedó paralizado y me dijo:
- Pero...., yo no tengo firma
Ante lo cual le pregunté; estás seguro?. Cuando tu escribes algo a alguien, o te piden que firmes un documento, una beca, un DNI, por ejemplo, que pones?
- Bueno, pongo mi nombre y apellido en mayúsculas, sin más.
- Entonces sí que tienes firma, no?; El hecho de que no hagas rúbrica o algo parecido, no significa que no tengas firma. El hecho de que pongas tu nombre y apellido, aunque sea en mayúsculas, es con lo que te identificas, es tu sello. De hecho todos tenemos una firma, incluso más de una, según a quien vaya dirigido nuestro escrito, o si se trata de una firma tipo "visé" que algunas veces tenemos que utilizar.
- Sí, pero...yo antes no firmaba así, comentó él.
- ¿Ah no?, entonces como firmabas?, le pregunté.
- Solamente ponía mi nombre en mayúsculas, me dijo.
- Bueno, entonces tu firma ha cambiado algo, digamos que ha sufrido una pequeña transformación. Antes, solamente firmabas con el nombre, con lo que significa grafológicamente hablando, sin embargo, ahora incluyes también el apellido, con lo que la interpretación también ha cambiado. Dentro de unos años, verás como tu firma vuelve a "cambiar".
De hecho teniendo en cuenta su edad (16 años), digamos que todavía está en proceso de formación. Más teniendo en cuenta que está haciendo grafoterapia, con lo que el cambio tanto en su firma como en su escritura en general, será evidente.
Algunos autores, mantienen que la vida humana está elaborada en periodos de siete años. Con lo que los periodos de formación de nuestra firma también estarán estructurados igualmente:
  1. Sería el periodo comprendido entre los 0-7 años; donde el trazo es indeciso y basto. La firma no se halla entre sus posibilidades.
  2. Sería el periodo que va desde la infancia hasta la adolescencia, 7-14 años; donde se observa una definición e ímpetu progresivos. Se observan torsiones en los palos-trazos ascendentes, característicos de la escritura del principio de la adolescencia, y donde la firma continúa sin definirse.
  3. Entre los 14-21 años entraríamos en el periodo juvenil. Existe una mayor agilidad en el trazo y mayor decisión. Aparecen los primeros rasgos exclusivos, aún cuando no tengan carácter definitivo. La firma tiene falta de madurez y no se define la direccionalidad de los trazos. Se observan sinistrogiros y dextrogiros, letras abiertas y cerradas, y muchas veces se imita la rúbrica de alguien a quién se admira. Hay ya, valores subconscientes.
  4. Entraríamos en el periodo de plenitud, que comprendería los siete años existentes entre los 21-28 años. La escritura es vigorosa y amplia en su trazado. Se detecta su presión característica, hay una mayor seguridad, y ya se observan muchas de las características de la escritura que habrán de considerarse típicas de la persona.
  5. Entre los 28-35 años estaríamos en la meseta de la plenitud, donde se da la maduración total de la escritura según estos autores. Se observa plenitud en los trazos, firmeza, velocidad y ritmo. La presión esta definida. La zona superior de algunas letras (hampas), y la inferior (jambas) aparecen realizadas con el énfasis que corresponde a la personalidad habitual del firmante.
  6. A partir de aquí entraríamos en el periodo que va desde la plenitud hasta la madurez, 35-42 años, donde se observan y perfeccionan los recursos, dando lugar a una perfecta cadencia en el ritmo del trazo.
  7. Entre los 42-49 años, se sitúa la meseta de la madurez. No hay cambios considerables en el trazo en la mayoría de los casos.
  8. Entre los 49-56 años, periodo de la madurez, persisten los signos de vitalidad en el trazo, pero ya la disminución de la firmeza imprime ciertos cambios en la letra y sus dimensiones, su regularidad y su dirección.
  9. De los 56 a los 63 años, periodo de la madurez a la edad intelectual, se extinguen los rescoldos de toda crisis cronológica y se manifiesta en plenitud el caudal intelectual, conseguido a lo largo de toda la vida. La letra adquiere una nueva vitalidad, incluso puede ser que una mayor claridad, pero a la vez se muestra incapaz de recobrar la velocidad necesaria para ir a la par en los renovados bríos mentales, por lo que se producen con frecuencia errores, debido a la insuficiente firmeza, sobre todo en personas emotivas.
  10. Entraríamos ya, por último, en la fase final de la escritura; el inicio de la tercera edad, de los 63 años en adelante. Es una etapa de indefinición y considerables fluctuaciones, en las que normalmente se pasa de periodos en que la letra aparece con las características de la madurez a otras en que muestra oscilaciones enfermizas. Parece que esa oscilación es más rápida y evidente en unos que en otros, mostrando lapsus de enjundia, alternados con otros en los que básicamente se manifiesta el desgaste físico, anímico y mental.

Entre los ejemplos positivos que podemos encontrar estarían Picasso, Chaplin y otros que alcanzaron edades muy avanzadas sólo en gracia a que pedían a la vida la oportunidad de seguir creando.

Firma de Salvador Dalí

En fin, ésto sería lo que concierne a la evolución de nuestra firma en base a su cronología. Como ya se ha comentado anteriormente, también habría que tener en cuenta otros aspectos externos que harán que nuestra firma se vaya modificando. Para ilustrarlo podría valernos el ver las firmas de personajes históricos como Hitler, Mussolini, etc. Pero esto será materia de otro momento.

3 comentarios:

Silvano Baztán dijo...

Muy interesante, Andoni. Esa división septenaria que describes en relación con la firma, se relaciona también con la misma clasificación, inherente al ser humano, desde el punto de vista energético-espiritual, como es documentado por el antropósofo Rudolf Steiner (1861- 1925). Podemos adentrarnos someramente en ese discurso a través del siguiente enlace:
http://www.diproredinter.com.ar/congresos/trabajos/trabajos/12.htm

Salud para ti y los tuyos.

Jose Antonio León dijo...

Gracias Silvano. Esa división no la he visto en muchos sitios, páginas, libros, etc dedicados a la Grafología, pero en su momento la estudié en uno de los primeros cursos que hice del tema y me pareció interesante.Estuve documentandome un poco y supe de la relación que existe entre la división de las etapas. de 7 en 7, y algunas teorías energéticas que existen y que comparten esa división.
Saludos cordiales.

GIANNI BARBALACE dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.