lunes, 24 de mayo de 2010

La buena letra pierde fanáticos

Os transcribo a continuación un artículo, publicado en su día en la prensa de Colombia, sobre el uso de la escritura  y en concreto de la Grafoterapia. Decido copiarlo aquí porque me parece muy interesante.

Pagina 3-7
Educación
Juan Pablo Sanabria, de 13 años, en clase el martes pasado con Beatriz Prada. En plena era de la computación, todavía hay clases de caligrafía, pero con usos más prácticos.
La clase es en un cuarto de apartamento pequeñito con paredes atestadas de pergaminos.
Un perro enorme vigila la puerta, y la profesora exige entrar sin zapatos y hacer ejercicios previos de respiración y estiramiento.
Si el alumno quiere tener buena letra, le costará mucha paciencia. Eso es seguro. Y, bueno, también le significará desembolsar 675 mil pesos por 12 clases de dos horas y un libro de prácticas.
¿Pero quién está interesado por estos días en pagar tanto por aprender letra cursiva?
Para Beatriz Prada, la maestra, la pregunta sobra, pues en sus mejores temporadas (Semana Santa y vacaciones) atiende a tres personas al día, y en un mes como marzo lo mínimo son dos clases diarias.
El curso es toda una ceremonia tanto para los niños de colegio con una mamá preocupada por sus garabatos, como para un ingeniero que necesita un buen examen caligráfico para conseguir un empleo.
De fondo, música gregoriana "para facilitar la concentración". Un pájaro de madera y una carimba (instrumento musical) ayudan a desglosar las sílabas, y un libro de texto para hacer letras cuadradas es el principal elemento de la clase.
"Todos salen escribiendo bien después de las doce clases. Todos...", dice Prada en tono de cuña publicitaria.
"¿Pero qué es escribir bien?", se pregunta el lingüista e investigador Raúl Botero, de la Universidad Nacional sede Medellín. "Tener letra bonita o fea es algo subjetivo".
Él no es el único que cuestiona el afán por la buena letra que tienen Beatriz Prada o aquellos maestros de español enamorados de las planas. Varios estudiosos de la lectoescritura coinciden en que hoy, cuando el computador desplazó al lápiz y al papel, la caligrafía por sí sola es obsoleta.
"Un estudiante común crece creyendo que escribir es absurdo, porque la escuela está obsesionada por los aspectos formales, como la ortografía y la caligrafía. Es más importante que aprendan a ser productores de textos orales, escritos, visuales y otros, que a escribir con letra cursiva o suelta", asegura Mauricio Pérez, líder del grupo de investigaciones en lectoescritura de la Universidad Javeriana.
Pérez incluso dice que antes de aprender ortografía los niños deberían saber contar cuentos, y la profesora a tomar el dictado. "Estamos en otro contexto. Los jóvenes de hoy tienen escrituras, sobre todoaudiovisuales, que la escuela no ha asimilado", agrega Botero.
¿A quién creerle?
En el medio están maestros como Herlinda Guayara, quien dicta español en el Colegio Público Antonio Nariño de Bogotá. Aunque no es una fanática, sí se esmera por que sus alumnos de primaria escriban con letra impecable. "Esa es su personalidad, y deben cuidarla", dice.
En los colegios más adelantados en el asunto, como el Colombo Gales y el Calatrava de
Bogotá, las clases de caligrafía siguen vigentes, pero han eliminado las planas y consideran más importante el contenido de lo que se escribe.
El motivo por el que sobrevive la materia tiene que ver con el desarrollo corporal. En los dos planteles creen que la caligrafía, junto con actividades como la natación, el modelado de barro, el patinaje y el dibujo mejoran la motricidad.
"En todo caso, aunque le damos importancia, tiene que ir ligada a un trabajo de creación. Al año los niños deben escribir un libro, pero si quieren lo pueden hacer por computador. Lo importante es la creación", cuenta Tommy Dávila, directora de primaria del Colombo Gales.
Y Magdalena Garcés, directora del Calatrava y abanderada de las terapias con caligrafía para niños discapacitados, curiosamente dice que es el computador el que más ha ayudado a superar los problemas de lectura y escritura.
"Claro, hay que enseñarles a los niños a escribir a mano porque así desarrollan los dos lados del cerebro, pero también ser más modernos y aprovechar el computador", dice.
En todo caso, Beatriz Prada sigue perfeccionando su método. Clientes tiene de sobra, y por más computadores que usen, la buena letra les sigue preocupando.
"¿Que no es importante la caligrafía? Es necesaria para la vida diaria, el colegio, el trabajo... No importa si es despegada, parada o acostada. Lo fundamental es que sea clara, que comunique".
Beatriz Prada, calígrafa empírica que lleva 40 años dictando clases.
Desde los médicos hasta las colegialas, todos defienden su personalidad en el trazo
FERNANDO MORA
Médico de urgencias
"He hecho todos los cursos habidos y por haber, y mi letra sigue siendo muy mala. Me tocó empezar a usar una máquina de escribir, porque los pacientes compraban los medicamentos que no eran".
MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ
Estudiante de quinto grado
"En primero tenía la letra muy fea, pero ya la estoy mejorando, porque me gusta que se vea bonita. Escribo con diferentes colores para que se vean más ordenados los cuadernos".
MARTHA DÍAZ
Profesora de lenguaje.
"Es importante escribir bonito y bien, como mi nombre, que lleva 'h' para diferenciarlo del animal que se llama igual. La letra refleja la personalidad y las ideas".
CAMILA BONILLA
Estudiante de grado 11
"Me gustan mucho los adornos al escribir. La letra de las mujeres es más bonita porque dedicamos tiempo y sutileza a la hora de escribir. La buena letra es un reflejo de la pulcritud".
'La letra cura'
Entre los usos más difundidos de la caligrafía está el terapéutico.
En sitios Web colombianos se anuncian servicios de grafo terapia, que consisten, según quienes la practican, en utilizar la escritura a mano para mejorar algún problema de salud física o mental.
La teoría de los grafo terapeutas es que si alguien corrige un trazo en una letra específica puede mejorar algún aspecto de su vida, explica Beatriz Prada, quien sabe de la técnica pero no la practica.
Otra terapia disponible se centra en niños con problemas de motricidad. Se emplea la escritura para estimular el cerebro.